Hija

 

“Hija”, escrito por Ariel Andrés Almada e ilustrado por Sonja Wimmer es un cuento que descubrí hace poco y que incorporé inmediatamente a nuestra biblioteca. Desde entonces se ha convertido en uno de mis favoritos ♥️ Considero que es uno de los imprescindibles para aquellas familias que tengan una hija en su casa. Con él, tened por seguro que sonreiréis, disfrutaréis y os emocionaréis.

“Despierta hija. Abre los ojos. ¿Ves? Todo lo que te rodea ha sido creado para ti. Las nubes que parecen de leche y el gorrión que te mira curioso por la ventana”

Con estas palabras da comienzo este álbum ilustrado que de una forma muy emotiva nos acompaña a hacer el  recorrido de una niña desde su nacimiento y a medida que va creciendo.

Las imágenes que os comparto hablan por sí solas. Es un cuento que es un regalo para nuestras pequeñas. A través de él les contaremos lo mucho que las queremos, les prometeremos cuidarlas, les enseñaremos mediante los mensajes llenos de valores y principios bonitos que tiene y además podremos trabajar las emociones también.

 

Es un cuento completo y precioso a partes iguales. Con textos llenos de verdades que llegan a acariciar el alma y con ilustraciones llenas de ternura y magia 🥰

 

 

 

 

 

Sigue jugando pequeña Mia

“Y mientras tanto, tú pequeña Mia sigue jugando, cocinando, cantando, bailando, riendo, saltando, y dejándote llevar como si ahí fuera no pasara nada malo. ⠀
Porque lo estás haciendo muy bien y cada mañana al despertar, en los ojos llevas cargada la ilusión de disfrutar de un nuevo día. Sin importar que pasa fuera. Porque estar juntos en casa, en familia, es lo más importante, divirtiéndonos y creando aventuras como si no importara nada más.” 🌈⠀


Sigue jugando, haciendo trasvases con arroz, pintando con pintura, con plastilina y de todas las formas posibles. Experimentando con agua, garbanzos y tapones. Diciendo mamá, mami y ma a todas horas. Descubriendo el tacto de la gelatina. Ensartando pajitas. Llenándonos de besos y abrazos. Dándole de desayunar, comer, merendar y hasta cenar a tus muñecas. Enfadándote y llorando de vez en cuando, que es normal mi amor, nosotros también lo hacemos. Dándote largos baños de una hora con mamá y papá. Preparando ricas meriendas. Contando cuentos una y otra vez, acabándolos todos y volviendo a empezar. Buscando a papá cuando se esconde. Practicando las emociones. Ayudando en casa, fregando, pasando el aspirador, limpiando el polvo y sacando las cosas del lavavajillas cuando yo las pongo. Hablando argentino. Saltando en la cama. Viendo dibus. Tintando legumbres. Aplaudiendo al caer la tarde. Hablando sin parar. ⠀

Corriendo. Aprendiendo. Creciendo. ⠀
Tu sigue haciendo todo esto pequeña Mia, porque enmedio de todo este caos, tú, lo estás haciendo muy bien. ⠀




⭐️ Pequeño fragmento adaptado y extendido del mini cuento “Soñar bonito”.

Soñar bonito ✨

Anoche cuando Lola se durmió entró una suave brisa por la ventana, una de esas que hacen que te arropes con la manta y sonrías mientras te quedas profundamente dormido, de las que te llevan a soñar… a soñar bonito.

Y en esos sueños se imaginó corriendo por el parque, abrazando a sus tetes, tíos, abuelos y amigos.
Se imagino jugando al aire libre, tocando la arena de la playa, dejándola escapar entre los dedos y sintiendo la brisa del mar.
Respirando el aire puro de la montaña y llenando los parques que ahora están vacíos.

Al día siguiente se despertó con el olor de las tostadas que preparaba su madre cada mañana para el desayuno. Recordaba perfectamente su sueño, pero entendió que no era un sueño. Era el recuerdo de todas las cosas que antes de que llegara el virus podía hacer y ahora no.

Porque había llegado un virus que provocaba que algunas personas se pusieran malitas y no podía salir de casa, ni ella ni nadie, para no contagiarse. Y por ello no podía hacer todas las cosas que había soñado y que tanto le gustaban.

Pero no pasaba nada, porque de los balcones colgaban arcoíris a todo color y aunque las calles estaban vacías, se podía escuchar las risas de otros niños y niñas jugando en sus casas. A veces, incluso hablaban entre ellos y ellas desde las ventanas.
Y los aplausos que daban al caer la tarde les recordaban que unidos podrían con todo.

Y mientras tanto, Lola seguía jugando, cocinando, cantando, bailando, riendo, saltando, y dejándose llevar como si ahí fuera no pasara nada malo.
Porque ella lo estaba haciendo muy bien y cada mañana al despertar en los ojos llevaba cargada la ilusión de disfrutar de un nuevo día. Sin importar que pasara fuera. Porque estar juntos en casa, en familia, era lo más importante, divirtiéndose y creando aventuras como si no importara nada más.

Y creyendo que ese sueño de la noche anterior, ese recuerdo, pronto volvería a hacerse realidad. Y aprendiendo que cuando eso pasara, empezaríamos a valorar esa realidad mucho más.

Tú eres como Lola, y al igual que ella: lo estás haciendo muy bien. Sigue como ella: jugando, cocinando, bailando, riendo, saltando y dejándote llevar como si ahí fuera no pasara nada malo.

Me encanta (parte II)

Me encanta tu manera de mirar y me encanta el brillo de tus ojos, tan expresivos, tan capaces de hablar sin necesidad de palabras. Me encanta la felicidad que irradias cuando te ríes. Me encanta tu cabezonería, tu mal genio y tu carácter, todas estas cualidades me demuestran lo fuerte que eres y me recuerdan cómo lo fuiste desde el principio, cuando te formabas en mí. Me encanta cuando para dormirte das un millón de vueltas, abrazándote a mi, apoyando tu cabeza sobre mi pecho o cogiéndote de mi mano, hasta que, al fin, te quedas dormida. Eso me permite darte un trillón de besos y hacerte un millón de mimos y caricias mientras te digo lo mucho que te amo.

Me encantan tus pedorretas, cuando me las haces a mí y cuando se las haces a papá, te salen increiblemente bien, haces muchísimo ruido y tu que lo sabes, muy orgullosa, te ríes. Me encanta el sonido de tus piececitos al golpear el suelo cuando de noche te despiertas y vienes corriendo a buscarnos a nuestra cama. Me encanta como dices agua, nanone y nanana. Tres de tus primeras palabras. También me encanta como dices “vamo” y “vamono”, así como con un toque andaluz que no sabemos de donde ha salido. Y me encanta que seas así de fiestera e inquieta y que te guste tanto como a mí estar por ahí, en esto has salido a mamá, callejera a más no poder. Me encanta cuando dices “ala”, “ya tá” o “no hay má” a la vez que mueves las manos proporcionándole énfasis a esas expresiones. Me encanta como repites cada palabra que escuchas a tu manera, haciéndote entender pero con mucha gracia.

Me encanta tu locura a la hora de bailar, zarandeando las manos. y aplaudiendo a la vez y me encanta como bailas cualquier canción o sonido que llega a tus oidos, moviendo el culete y zapateando también. Y esa manera curiosa que tienes de mover la cabeza y las manos a modo de saludo o esa forma que tienes de correr más que de andar. Me encanta como imitas a mamá para lavarte los dientes o como repites cada cosa que hacemos casi sin darnos cuenta, como intentar abrir con la boca las cosas que con las manos no podemos. Me encantan esos dos segundos en los que me das la mano y caminamos cogidas.

Me encanta como derrochas simpatía y dices “holaaaaa” a todo el mundo, saludando con la mano y diciendo un largo “aaaaaa” al final. Como lo haces cuando estamos en un supermercado con cada persona que te cruzas, como lo haces cuando vamos al médico, cuando estamos en un restaurante cenando o cuando salimos de casa de los abuelos y ves la terraza del bar llena.

Me encanta el amor que sientes por todos tus tetes. Esa alegría con mezcla de locura cuando los ves o cuando pasas por algún sitio que te recuerda a ellos y a gritos los reclamas. Y como te acuerdas de ellos en cada momento del día.
Me encanta tu manera de querer a tus tíos y abuelos y esa forma de llamarlos “aluela” y “aluelo”.

Me encanta como quieres hacerlo todo sola, demostrando independencia. Me encanta como cada vez que subimos al ascensor quieres tocar el botón del piso y luego de la alarma. Me encanta como lanzas besos y sobre todo, me encanta como nos los das. Me encanta el que nos das en la mejilla, en la boca o el de vaca y por supuesto, me encanta el de esquimal y creo que el que más es cuando sujetas con tus manitas para dármelo de la manera más suave, dulce y tierna.

Me encanta cómo hacemos “chin-chin” con la comida cuando comemos lo mismo. Me encanta como utilizas cualquier cosa de teléfono, te la pones en la oreja y dices “hola”. Me encanta cuando por las mañanas, aún con pereza, te acurrucas con nosotros en la cama a mimosear. Me encanta como juegas a pillar y como nos provocas para que acabemos jugando a ello y que cuando lo hagamos rías sin poder parar al perseguirte.

Me encanta el sonido de tu risa, de tus carcajadas que me llenan de energía y felicidad y me encanta cuando finges una carcajada, demostrando la picardía que tienes. Me encanta cómo me recibes cuando vuelvo de trabajar. Me encanta cómo intentas escalarlo todo y aunque me vuelva loca, me encanta cuando lo consigues. Me encanta lo obstinada que eres y cómo repites algo hasta conseguirlo. Me encanta como quieres llevar el carro de la bebé tu sola, aunque a los dos minutos quieras que lo lleve mamá, o mami como me llamas a veces. Eso también me encanta.

Me encanta la primera frase que has dicho “ay que susto” seguida de una carcajada. Me encanta como nada más levantarte, vas directa a traernos un cuento y cómo cada vez que nos ponemos a jugar, eliges uno para ello. Me encantan esos rizos que se forman en las puntas de tu pelo. Me encanta cuando nos haces un mimo en la mejilla. Me encanta cuando me abrazas por la espalda cuando estoy distraída.

Me encanta cuando me dices con ilusión, brillo en los ojos y una sonrisa “¡te quiero!” porque se nota que lo sientes.

Me encantan tantas cosas de ti pequeña… Pero es que sobre todo, mi niña, me encantas TU.

Espero que te sientas tan querida como sentimos nosotros que te queremos.

Te ama incondicionalmente y para siempre,

Mamá

Nuestro salón con Posterlounge

Hoy os quiero hablar de mi experiencia personal con Posterlounge. Su descubrimiento ha sido de gran ayuda para la decoración del salón de mi casa y lo quiero compartir con vosotras porque quizá os puede ayudar si estáis en la misma situación que yo, que después de buscar y rebuscar en muchas páginas webs y blogs un cuadro que encajara con el estilo que estábamos buscando y de no encontrarlo, me di por vencida y decidí no buscar más. Hasta que descubrí esta marca, donde al fin dimos con un mapamundi que le diera a nuestro salón el aire que queríamos y que encajara a la perfección con la idea que teníamos.

La decoración de nuestra casa es en tonos claros, que nos aportan paz y tranquilidad además de proporcionarle amplitud a las estancias. Sobre todo, predominan el color blanco y la madera y por ello queríamos que el cuadro que eligiéramos tuviera estos tonos, para que de este modo, se incorporara en el estilo que seguimos. Y a la vez buscábamos que aportara algo de color en tonos suaves, y el que hemos elegido reúne todos nuestros requisitos, con el mapa pintado en acuarelas en tonos pastel, el fondo blanco y el marco de madera, hemos dado con un elemento que encaja a la perfección con la decoración de nuestro hogar.

Posterlounge cuenta con una gran variedad de láminas y cuadros. En su web podéis encontrar todo tipo de estilos: clásicos, modernos, artísticos e infantiles. Y con gran variedad de temáticas como: animales, arquitectura, botánica, ciudades, flores, comida, mapas, motivación, naturaleza, tecnología, viajes, vehículos… Y todas ellas perfectamente organizadas en su página para poder filtrar y buscar sobre aquello que nos interesa.

Además, cada uno de ellos está disponible en diferentes formatos, póster, cuadro de metacrilato, cuadro de aluminio, cuadro de madera, lienzo, cuadro de plexi-alu, cuadro de PVC o vinilo para pared. Y cada una de estas opciones puede ser elegida en diferentes tamaños y con distintos tipos de marcos y en diferentes tonos de madera: blanco, natural, marrón o negro.

Toda esta variedad abre un mundo de posibilidades con una amplia gama para la elección de la decoración deseada y hace difícil que no quieras llenar el carrito con un montón de productos. Tanto es así, que, en mi caso, quería realizar la compra de un mapa y además agregué a la compra dos preciosas y dulces láminas para la habitación de Mia. Una de ella la hemos colocado en el mueble en el que ella tiene al alcance sus juguetes y la otra, en el rincón de lectura.

Ambas las elegí en formato lámina, y marco clásico en tono madera natural porque encajan con las tonalidades de la habitación de Mia.

Como veis el resultado de mi elección no ha podido ser más acertado, además de ser muy bonitas son de muy buena calidad. El envío fue súper rápido y además totalmente seguro puesto que los productos venían muy bien empaquetados y envueltos de modo que era imposible que estos se rompieran o sufrieran algún tipo de daño.

Sin duda alguna, una marca para recomendar al 100%. Si queréis saber más sobre ella y ver sus láminas y cuadros de primera mano, podéis pinchar aquí.

Desde que fui madre, no juzgo, entiendo.

Desde que fui madre, no juzgo tanto y entiendo más.

No juzgo a las madres que deciden dar biberón, las entiendo. No juzgo a las que deciden dar pecho y lo siguen haciendo hasta que ellas decidan, las entiendo. No juzgo a las madres que eligen un método mixto. Las entiendo.

No juzgo a las madres que deciden que sus bebés aprendan a dormirse solos, ni a las que los acunan hasta que consiguen dormirlos, ni a las que los meten en sus camas y hacen colecho. A todas ellas, las entiendo.

No juzgo a las madres que optan por un parto natural ni a las que optan por un parto sin dolor. Las entiendo.

No juzgo a las madres que deciden renunciar a su baja laboral, las entiendo. Ni a las que deciden no volver a hacerlo más, las entiendo. Ni a las que cogen una excedencia o deciden dejarlo todo por perseguir sus sueños, las entiendo.

No juzgo a las madres que deciden no renunciar a su tiempo libre, a hacer deporte, a dedicarse tiempo a sí mismas. Las entiendo. No juzgo a las madres que deciden renunciar a su tiempo libre, a hacer deporte, a dedicarse tiempo a sí mismas. Las entiendo.

No juzgo a las madres que optan por las papillas ni a las que optan por el BLW. Las entiendo a ambas.

No juzgo a las madres que deciden llevar a sus bebés a guarderías o escuelas infantiles. Las entiendo. No juzgo a las que deciden dejarlos con los abuelos. Las entiendo también.

No juzgo a las madres que deciden establecer rutinas estrictas con sus bebés ni a las que deciden no establecerlas. Las entiendo.

No juzgo a las madres que deciden viajar con sus bebés, ni a las que deciden hacerlo con ellos, ni a las que deciden no hacerlo. A todas ellas las entiendo.

No juzgo a las madres que no dejan llorar a sus bebés. Ni a las que dejan que lo hagan. A ambas las entiendo.

No juzgo a las madres que cogen a sus bebés en brazos todo el tiempo. Ni a las que no lo hacen. Las entiendo.

No juzgo a las madres que optan por dejar su casa y las tareas del hogar en un segundo o incluso tercer plano por dar preferencia a pasar tiempo con sus bebés. Ni a las que siguen prestándole la misma atención que el primer día a su casa y al orden. Las entiendo.

 

Desde que fui madre, no juzgo. Entiendo. Entiendo que cada madre elige la opción que más feliz le hace a sí misma, a su bebé. A su familia. Entiendo y respeto que cada madre elija la fórmula que mejor les funciona, que les hace bien.

Aunque no sea la opción que yo elija para mí y para mi bebé, o la que yo crea que es mejor. No juzgo, entiendo. Y sobre todo, no cuestiono. Respeto.

Y esto, es lo que deberíamos hacer todas las madres en lugar de tirarnos piedras de unos tejados a otros. Entendernos, respetarnos, apoyarnos más allá de nuestras diferencias, más allá de nuestros métodos de crianza, porque nosotras, las que somos mamás, mejor que nadie sabemos lo difícil que puede resultar a veces la maternidad y de nada sirve que nos lo compliquemos más.

Por ello, no juzguemos, entendamos, respetemos.

Cómo mantener la esencia de nuestra casa con Sukhi

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Nuestras vidas cambian por completo cuando nos convertimos en padres: nuestros horarios, los planes, las prioridades que tenemos, las horas de sueño…

Y nuestra casa también lo hace. Ésta es una de las cosas que menos imaginamos que puedan cambiar y es de las que lo hace y, además, de arriba abajo. El orden empieza a desaparecer y donde antes había bonitos elementos decorativos, ahora hay juguetes y cosas de bebé allí donde alcanza la vista. Y a eso, le sumamos los cambios que realizamos para adaptar nuestra casa a nuestros pequeños, para evitar peligros y para atender las diferentes necesidades que en ellos van surgiendo.

En nuestra casa, la mesita que se coloca delante del sofá del salón ha desaparecido para que de este modo Mia tenga más espacio para corretear por él. Y en la habitación, hemos tenido que colgar el espejo (que antes estaba apoyado en la pared) porque Mia jugaba mucho con él y que estuviera apoyado suponía el peligro de que se le pudiera caer encima.

Y de esta manera, poco a poco y sin apenas darnos cuenta, nuestras casas se van convirtiendo en aquello que un día dijimos que no se transformarían, un pequeño caos.

Pero mantenerlas con su esencia es posible y hoy os cuento mi secreto para ello. Que no es otro que mi reciente descubrimiento de la marca Sukhi , y sus bonitas y acogedoras  alfombras artesanales y alfombras de lana. Éstas le dan el toque especial a ese ambiente que lo necesita, como en nuestro caso, el rincón del espejo.

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Como véis el detalle de la alfombra, bonita a la vez que original, no me puede gustar más. Además, ésta es de gran calidad y de un tacto muy suave que hace las delicias de Mia, que, si antes le gustaba jugar frente al espejo, ahora más.

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Estas alfombras se hacen bajo pedido y se realizan con mucho mimo y esmero puesto que están anudadas a mano por artesanos que viven en la India, Marruecos, Nepal y Turquía. Artesanos y artesanas que, bajo un proyecto social, trabajan con condiciones laborales dignas, horarios flexibles y con la retribución de un sueldo justo.

Sukhi ofrece una gran variedad de diseños y modelos respetando las técnicas de trabajo de anudado clásicas, pero aportándoles un toque moderno por la personalización de sus obras en cuanto a tamaño, calidad y colores.

Además, las alfombras Sukhi se centran en el uso de tintes y materiales naturales, esto hace que esta marca me guste aún más, puesto que de esta forma demuestra su esfuerzo por conservar la belleza de la naturaleza y proteger el planeta.

Como último dato os diré que Sukhi significa Feliz en nepalí, un significado que no puede ser más acertado y que se ve reflejado en cada rincón en el que se usa una de sus alfombras dándole ese toque especial que necesita y haciendo que conserve su esencia a pesar de que los pequeños terremotos que tenemos en casa a veces nos lo pongan difícil.

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Si queréis saber más sobre esta marca tan especial, y que a nosotras tanto nos ha gustado, podéis pinchar aquí Sukhi.